Indignación 2.0

Como diría el amigo Fernando Tejero, “un poquito de por favor” en esto de la responsabilidad y el liderazgo.  Me da la sensación de que con tanto indignado luchando en la calle por los derechos de los trabajadores nos olvidamos de los que están en activo forjándose día a día como líderes de opinión y conocimiento. Concretamente, me refiero a algunos personajillos que encontramos en las redes sociales y que se pueden englobar dentro de la categoría de experts; categoría que, al paso que vamos, acabará incluyéndose en los nuevos planes de estudio y másteres del mundo.

Es curioso cómo las redes sociales han abierto un mundo nuevo a la creatividad, pero también al más descarado y vacío exhibicionismo. Aún así, debéis saber que el grueso de los directivos españoles desconoce o ignora que existen portales como Linked-In, Plaxo o Xing, y ni se plantean estar en twitter. Si os digo que la gran mayoría no sabe lo que es un hipervínculo, no ha leído en su vida un blog y desconoce que no es posible enviar un correo electrónico de 40 Mb, me podríais decir que no necesitan saber esas cosas para hacer bien su trabajo. Pero…, ¿de verdad no lo necesitan? Si la sociedad actual está exigiendo multidisciplinariedad y sobre-formación al trabajador de base, ¿por qué no podemos demandar algo de eso a los directivos que gobiernan las empresas?

La conclusión es que estamos involucionando (o sea, yendo hacia atrás). Hace 30 años eras electricista, contable, maestro o banquero. Y ya está. Tu jefe, ese que viajaba al extranjero y se traía las mejores ideas para aplicar en la empresa,  era tu referente y tu máxima autoridad, sabía infinitamente más que tú y jamás se equivocaba…, y nadie se cuestionaba esas cosas. Pero hoy día esto ha cambiado radicalmente. Vivimos una completa revolución de la generación de conocimiento, de la comunicación y la tecnología, pero ese mayor acceso a la información, lo único que parece haber producido es una omnipresencia de la tontuna. ¿Por qué? Porque no debemos olvidarnos de que la demagogia y el “copieteo” han existido toda la vida, y si se juntan, se valen de las TIC y se utilizan por los nuevos y osados gurús del conocimiento y la economía, el resultado es nefasto. Es como antaño, pero con televisión de LED y ADSL, y lo que antes era la plaza del barrio con el chismorreo habitual, vacío e intrascendente, ahora lo son las redes sociales a escala global.

Todo esto confirma que, en el fondo, los que se llevan el gato al agua son los que se venden mejor así mismos, y siempre ha sido así, y siempre lo será (sabiendo esto, cabe preguntarse por qué el “automarketing” no forma parte de los currículos escolares y universitarios para desarrollar tan importante “competencia transversal“). Es evidente que estos nuevos líderes no son conscientes de la responsabilidad que tienen en sus dedos tras darle al “enter”. La piedra queda tirada y no se puede recuperar, así es Internet.

Con todas estas migajas he acabado por elaborar (no sé  si en clave de humor o completamente en serio) una pequeña clasificación de esta especie de experts en alza, con ánimo de ayudaros a reconocerlos. Estoy segura de que identificareis a más de una persona de vuestro entorno:

Experto: Dícese de la persona que ha superado el grado de especialista y tiene al menos un máster. Además, tienen contactos influyentes y alguna vez han veraneado en barco. Su frases más comunes son “eso ya lo sabía” y “¿cómo has dicho que se escribía?” y “como me decía Fulano (un gurú) el otro día…”.

Los tipos son:

–          Experto 1 (en social media): he oído que hay un portal de relaciones profesionales que se llama liquidín, me voy a dar de alta ya (pero ya) y además estoy en Facebook…

  • Experto 2 (en NN.TT.): tengo un blog, un iPad y un iPhone.
  • Experto 3 (en lo que le echen): emprendedor y consultor. Apasionado de…
  • Experto 4 (en todo): soy Dios, tengo más de 1000 seguidores y no respondo a los mensajes ni retwitteo a nadie.
  • Experto 5 (en responsabilidad social): en mi empresa ya no usamos papel ni para enviar fax. El pdf es más sostenible y respetuoso con el medio ambiente (pero a mis empleados les pago míseramente).

Gurú: Dícese del grado máximo de peligrosidad de un experto. Persona que ha superado todo en la vida y ha visto personalmente a Dios (en cualquiera de sus religiones). Poseen una alta autoestima y se consideran líderes natos (probablemente tuvieron una infancia difícil). Su característica principal es que dicen que saben 4 idiomas, leen durante 25 horas al día y predijeron la crisis y se la callaron (para poder decir luego que “sabían que esto ocurriría”).

  •  Gurú 1 (en estadística): el porcentaje `x´ de empresas que utilizan `y´ consiguen mejores resultados.
  • Gurú 2 (en copiar): estudios demuestran que…
  • Gurú 3 (en calidad): tenemos que medir y analizar, ¡medir y analizar!
  • Gurú 4 (en inglés): llevo una vida activa “en la nube”, navego a diario por los `sites´ de mis partners y asisto a charlas online porque son cool; y por cierto, amo a Steve Jobs y practico el budismo hippie.
  • Gurú 5 –mi favorito: CEO, SEO, antropólogo y filósofo.

Así pues, concluyo que: un porcentaje elevado de los `expertos´ y `gurús´ que pululan en la red nunca ha trabajado por cuenta ajena ni ha sido empresario o profesional en algo útil (de hecho, probablemente lo que se dice trabajar, trabajar, no lo haya hecho jamás); además, tendrá buenos contactos sociales, políticos y familiares que le permitirán vivir a base de dar conferencias. Y seguro que habrá escrito al menos un libro de autoayuda lleno de obviedades y respuestas retóricas para ayudar a otros a ser tan tontos como él.

Ya veis, en la rentrée, y ya haciendo amigos…

Chus Moreno Montilla. Socia Vocal de Comunicación

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Los dirigentes y la (falta de) responsabilidad social

Resulta paradójico que se use tan frecuentemente la palabra responsable para referirse a la persona encargada de hacer que algo se cumpla cuando vemos a nuestro alrededor tan escaso ejercicio de la responsabilidad, particularmente por quienes estarían más llamados a ello.

La correlación entre autoridad y responsabilidad es un tema clásico en la teoría de la administración, y desde hace más de un siglo se asume que cuanta más autoridad, mayor es la responsabilidad que lleva aparejada. Es lógico, puesto que quien tiene la capacidad, es decir, el poder para hacer las cosas es quien ha de rendir cuentas de cómo ha usado ese poder. Pues bien, esta obviedad parece haberse convertido en los últimos tiempos en una idea obsoleta que hay que desterrar, casi como esas reglas de urbanidad decimonónicas que predicaban nuestras tatarabuelas. Y lo parece porque venimos asistiendo a unas enormes faltas de la más elemental responsabilidad social por parte de muchos dirigentes de los más importantes ámbitos del poder: el económico y el político.

La más reciente muestra: la extrema tensión que el Tea Party ha impuesto en la negociación del techo de la deuda en EE.UU. solo para demostrar su fuerza, con tal clarividencia que en la práctica ha fracturado su propio partido más de lo que ha perjudicado a sus adversarios. La falta de responsabilidad política, social y económica de esta conducta es inaudita y, de hecho, así lo están interpretando los mercados con las fuertes bajadas de las bolsas que se vienen produciendo a renglón seguido.

Pero no solo en Estados Unidos cuecen habas. Aquí en España también tenemos un ramillete florido de muestras de irresponsabilidad. Hace dos meses de la debacle electoral del Partido Socialista sin que se hayan producido dimisiones prácticamente a ningún nivel. En cambio, se han dado miles de justificaciones basadas en elementos externos como la crisis o en la socorrida coletilla del “hemos hecho las cosas bien, pero no hemos sabido explicarlas”.

Otra flor, esta del jardín de enfrente: hace más de un año, cuando el Gobierno tuvo que reconocer por fin la profundidad de la crisis y tomar medidas para limitar el déficit, el partido de la oposición, adhiriéndose a la literalidad de su papel, se opuso, por más que se tratase de la misma clase de medidas que venían reclamando desde meses antes. Y lo han seguido haciendo con todas las disposiciones restrictivas posteriores, mientras que mantienen guardado en el cajón su programa electoral, que no puede encerrar nada más que propuestas parecidas.

Pero no olvidemos el poder económico. Hace unos días se publicó que los sueldos de los directivos del Santander habían crecido un 24% en el primer semestre del año, pese a que el beneficio del periodo había caído un 21%. Y no es el único caso: el conjunto de las empresas del Ibex 35 ganaron un 6,1% menos hasta junio mientras los salarios de sus directivos aumentaron un 14%. Se ve que todas estas empresas son tan consideradas con sus altos directivos que no quieren castigarlos por su menor rendimiento, no vaya a ser que se desmotiven. No aplican sin embargo la misma regla a sus empleados de a pie, ya que Telefónica está preparando un ERE de 6500 personas.

Y para guinda, las recientes declaraciones del presidente de la patronal que pedía acabar con los que se apuntan al paro “porque sí” (que me digan cómo se hace eso). En un país con cinco millones de desempleados y casi un millón y medio de hogares con todos sus miembros en paro, esta propuesta suena macabra, sobre todo cuando la relacionamos con el dato de que en la CEOE hay ocho empleados por cada liberado sindical.

Señores dirigentes, más responsabilidad, aunque solo sea por educación, por no insultar la inteligencia de las personas. Ya que tienen el poder, tengan la vergüenza de usarlo responsablemente.

Ana M. Castillo Clavero

PRESIDENTA DE ADRO