Se abre la veda: ¡tiro al funcionario!

Estoy francamente cansada de que los funcionarios seamos el blanco del descontento y, por qué no decirlo, del resquemor de muchos conciudadanos que sufren en su empleo o desempleo los efectos de esta tremenda crisis. Pero estoy más cansada todavía de que sean los propios políticos, en sus habituales arranques de irresponsabilidad, los que alimenten este fuego a discreción.

Cuando una presidenta de comunidad autónoma, una concejala o un ministro dice que los maestros solo trabajan 20 horas a la semana (Esperanza Aguirre), que los empleados municipales hacen casi el doble de horas, y eso que tienen un convenio estupendo (Ana Botella), o que los funcionarios se tienen que aguantar sin subidas salariales (o con bajadas) porque bastante tienen con la estabilidad del puesto (Álvarez Cascos, Blanco, etc.), es lo mismo que si una empresa dijera que sus trabajadores son unos vagos, unos inútiles y poco menos que unos chorizos sin talento. ¡Habráse visto tamaña irresponsabilidad! Imaginen a Botín diciendo que los empleados del Santander son unos flojos o a Brin y Page contando que en Google tienen por sistema contratar a los peores candidatos, porque a los pobrecillos mediocres también hay que darles una oportunidad.

La estructura funcionarial podrá no ser todo lo eficaz y eficiente que debería, pero de eso no tienen la culpa individualmente los empleados públicos sino, la mayoría de las veces, la organización que les emplea. Montar y alimentar esta estructura ha supuesto la inversión de muchísimo dinero, tiempo y esfuerzo, desde el dedicado por los opositores a prepararse (carrera, academias, preparadores, lucro cesante, desplazamientos, etc.) hasta el gastado por la Administración en convocatorias, exámenes, gastos de los tribunales y, no olvidemos este importante capítulo, en formación de sus funcionarios, porque la Administración gasta muchos recursos en formar a sus empleados.

Echar por tierra la imagen de los funcionarios refiriéndose a ellos como si fueran unos aprovechados supone despreciar el valor de esta inversión y, por tanto, equivale a descapitalizar el Estado (¿no han oído hablar del branding?). Esa clase de declaraciones no sirven nada más que para alimentar los peores instintos de los no gozan del “privilegio” de tener un puesto fijo (olvidando que muchos lo intentaron y solo unos pocos lo consiguieron) y, lo que es peor, da pie a las peores presunciones sobre la capacidad de nuestro país de levantar cabeza, porque con estos mimbres…

Todo esto podría llegar a ser aceptable si quienes lo alientan tuvieran impecables currículos y hubieran alcanzado su estatus por su esfuerzo y mérito profesional. Pero la inmensa mayoría de las veces estos políticos han llegado a donde están no por el voto de los ciudadanos como dicen ellos, que no es más que un último trámite necesario, sino porque su partido les ha designado para ocupar un buen lugar en una lista, por motivos que en general no tienen absolutamente nada que ver con el mérito, la capacidad, el esfuerzo o el talento para trabajar, y sí con lealtades incuestionables, amistades, favores y maniobras poco claras.

Es proverbial la falta de transparencia y corrección de los partidos a la hora de confeccionar las listas de candidatos, el “menú  del día” que el ciudadano votante está obligado a consumir cuando acude a las urnas, donde le ofrecen el plato número 1, 2 ó 3, en el plan de “esto es lo que hay, y si no te gusta, ahí tienes la puerta” (el voto en blanco o la abstención).

Así que, señores políticos, un respeto, que los funcionarios hemos ganado nuestras plazas compitiendo duramente por ellas, y no precisamente para jubilarnos el día que tomamos posesión. Dejen de echar piedras en nuestro, su, propio tejado.

ANA MARÍA CASTILLO CLAVERO.  Presidenta de ADRO

Indignación 2.0

Como diría el amigo Fernando Tejero, “un poquito de por favor” en esto de la responsabilidad y el liderazgo.  Me da la sensación de que con tanto indignado luchando en la calle por los derechos de los trabajadores nos olvidamos de los que están en activo forjándose día a día como líderes de opinión y conocimiento. Concretamente, me refiero a algunos personajillos que encontramos en las redes sociales y que se pueden englobar dentro de la categoría de experts; categoría que, al paso que vamos, acabará incluyéndose en los nuevos planes de estudio y másteres del mundo.

Es curioso cómo las redes sociales han abierto un mundo nuevo a la creatividad, pero también al más descarado y vacío exhibicionismo. Aún así, debéis saber que el grueso de los directivos españoles desconoce o ignora que existen portales como Linked-In, Plaxo o Xing, y ni se plantean estar en twitter. Si os digo que la gran mayoría no sabe lo que es un hipervínculo, no ha leído en su vida un blog y desconoce que no es posible enviar un correo electrónico de 40 Mb, me podríais decir que no necesitan saber esas cosas para hacer bien su trabajo. Pero…, ¿de verdad no lo necesitan? Si la sociedad actual está exigiendo multidisciplinariedad y sobre-formación al trabajador de base, ¿por qué no podemos demandar algo de eso a los directivos que gobiernan las empresas?

La conclusión es que estamos involucionando (o sea, yendo hacia atrás). Hace 30 años eras electricista, contable, maestro o banquero. Y ya está. Tu jefe, ese que viajaba al extranjero y se traía las mejores ideas para aplicar en la empresa,  era tu referente y tu máxima autoridad, sabía infinitamente más que tú y jamás se equivocaba…, y nadie se cuestionaba esas cosas. Pero hoy día esto ha cambiado radicalmente. Vivimos una completa revolución de la generación de conocimiento, de la comunicación y la tecnología, pero ese mayor acceso a la información, lo único que parece haber producido es una omnipresencia de la tontuna. ¿Por qué? Porque no debemos olvidarnos de que la demagogia y el “copieteo” han existido toda la vida, y si se juntan, se valen de las TIC y se utilizan por los nuevos y osados gurús del conocimiento y la economía, el resultado es nefasto. Es como antaño, pero con televisión de LED y ADSL, y lo que antes era la plaza del barrio con el chismorreo habitual, vacío e intrascendente, ahora lo son las redes sociales a escala global.

Todo esto confirma que, en el fondo, los que se llevan el gato al agua son los que se venden mejor así mismos, y siempre ha sido así, y siempre lo será (sabiendo esto, cabe preguntarse por qué el “automarketing” no forma parte de los currículos escolares y universitarios para desarrollar tan importante “competencia transversal“). Es evidente que estos nuevos líderes no son conscientes de la responsabilidad que tienen en sus dedos tras darle al “enter”. La piedra queda tirada y no se puede recuperar, así es Internet.

Con todas estas migajas he acabado por elaborar (no sé  si en clave de humor o completamente en serio) una pequeña clasificación de esta especie de experts en alza, con ánimo de ayudaros a reconocerlos. Estoy segura de que identificareis a más de una persona de vuestro entorno:

Experto: Dícese de la persona que ha superado el grado de especialista y tiene al menos un máster. Además, tienen contactos influyentes y alguna vez han veraneado en barco. Su frases más comunes son “eso ya lo sabía” y “¿cómo has dicho que se escribía?” y “como me decía Fulano (un gurú) el otro día…”.

Los tipos son:

–          Experto 1 (en social media): he oído que hay un portal de relaciones profesionales que se llama liquidín, me voy a dar de alta ya (pero ya) y además estoy en Facebook…

  • Experto 2 (en NN.TT.): tengo un blog, un iPad y un iPhone.
  • Experto 3 (en lo que le echen): emprendedor y consultor. Apasionado de…
  • Experto 4 (en todo): soy Dios, tengo más de 1000 seguidores y no respondo a los mensajes ni retwitteo a nadie.
  • Experto 5 (en responsabilidad social): en mi empresa ya no usamos papel ni para enviar fax. El pdf es más sostenible y respetuoso con el medio ambiente (pero a mis empleados les pago míseramente).

Gurú: Dícese del grado máximo de peligrosidad de un experto. Persona que ha superado todo en la vida y ha visto personalmente a Dios (en cualquiera de sus religiones). Poseen una alta autoestima y se consideran líderes natos (probablemente tuvieron una infancia difícil). Su característica principal es que dicen que saben 4 idiomas, leen durante 25 horas al día y predijeron la crisis y se la callaron (para poder decir luego que “sabían que esto ocurriría”).

  •  Gurú 1 (en estadística): el porcentaje `x´ de empresas que utilizan `y´ consiguen mejores resultados.
  • Gurú 2 (en copiar): estudios demuestran que…
  • Gurú 3 (en calidad): tenemos que medir y analizar, ¡medir y analizar!
  • Gurú 4 (en inglés): llevo una vida activa “en la nube”, navego a diario por los `sites´ de mis partners y asisto a charlas online porque son cool; y por cierto, amo a Steve Jobs y practico el budismo hippie.
  • Gurú 5 –mi favorito: CEO, SEO, antropólogo y filósofo.

Así pues, concluyo que: un porcentaje elevado de los `expertos´ y `gurús´ que pululan en la red nunca ha trabajado por cuenta ajena ni ha sido empresario o profesional en algo útil (de hecho, probablemente lo que se dice trabajar, trabajar, no lo haya hecho jamás); además, tendrá buenos contactos sociales, políticos y familiares que le permitirán vivir a base de dar conferencias. Y seguro que habrá escrito al menos un libro de autoayuda lleno de obviedades y respuestas retóricas para ayudar a otros a ser tan tontos como él.

Ya veis, en la rentrée, y ya haciendo amigos…

Chus Moreno Montilla. Socia Vocal de Comunicación